La Piedad de Miguel Ángel

800px-Michelangelo's_Pieta_5450_cut_out_black bytraykovPiedad (1498), mármol de Carrara, la basílica de San Pedro, Roma–174 cm × 195 cm [68.5 in × 76.8 in] foto de Stanislav Traykov, Niabot (cut out) – Image:Michelangelo’s Pieta 5450.jpg, CC BY 2.5

Para muchos, es la mejor creación de Miguel Ángel y una de las estatuas más bellas y emotivas del mundo.
La Virgen María sostiene sobre sus rodillas el cuerpo de su Hijo crucificado. Su hermosa cara entristecida y su gesto de impotencia y dolor pero, al mismo tiempo, de resignacion, provocan compasión a quienquiera los contemple. Su vestido cae en pliegues de gran naturalidad y belleza; y el cuerpo del Cristo es de los más perfectos jamás realizados en piedra.

Aproximadamente de tamaño natural, está sacada de un solo bloque de mármol que el joven Miguel Ángel excavó de las canteras de Carrara. Fue encargada por el cardenal francés Jean de Bilhères, que residía en Roma. El contrato original estipula “la más bella obra de mármol de Roma, una que ningún artista vivo puede superar”. No se sabe si estas palabras fueron un alarde de Miguel Ángel, que entonces contaba sólo con veintitrés años, o un reto del cardenal. Sea como fuese, pocos dirían que el escultor no cumplió.

Actualmente La Piedad se encuentra en la Basílica de San Pedro.

El tema no era frecuente en Italia, y desde luego, no había ninguna Piedad tan bella.

Decían que era de El Gobbo

Es la única obra de Miguel Ángel que lleva su firma. Cuenta Vasari, su biógrafo y amigo, esta anécdota:

Parece que cuando se desveló la estatua el artista escuchó a varios hombres de Milán comentándola y diciendo que era obra de uno de los escultores de su ciudad, llamado “el Gobbo”. Miguel Ángel no podía consentir tamaña equivocación. Él consideraba que era una de las mejores esculturas jamás esculpidas y quería que su autor se conociera como se merecía. Por lo que aquella noche se encerró en la iglesia con su maceta, cinceles y velas y grabó su nombre en grandes letras sobre la Virgen.

Se lee: Michaelangelus Bonarotus Florent(inus) Faciebat

Tuvo que juntar mucho las palabras y montar letras encima de otras para que cupieran en tan poco espacio. Si hubiera escrito FECIT, el pretérito latín, en lugar de FACIEBAT, el imperfecto, se habría dejado un poco más. Como no sabía latín, probablemente imitaba alguna firma de otros artistas que tampoco sabían.

Cuerpos a distinta escala

Las figuras así conceptuadas presentan una tremenda dificultad. A Miguel Ángel le fascinaba la disposición en forma de cruz, con la Virgen en vertical, el Cristo en horizontal. Pero se dio cuenta rápidamente de que el estrecho cuerpo de la Virgen no iba a tener suficiente masa, aun con mucha ropa, para rellenar las zonas que sobraban a la derecha e izquierda del cuerpo de Jesus, tumbado así sobre sus rodillas. No había más opción que ensanchar el cuerpo de la Virgen y esconder su tamaño gigantesco como se podía; y, al mismo tiempo, reducir la escala del cuerpo de Jesús, que, perfecto según sus proprios cánones, es demasiado pequeño en comparación.

Puestas de pie, las figuras demostrarían esa gran desproporción. Los hombros de la Virgen son anchísimos, y sus manos, comparadas con las de Jesús, enormes. ¿Y ese enorme pilar de su pierna que apoya al petit Hijo? Por supuesto, el que esto no se note se debe al genio de Miguel Ángel. Fue capaz de juntar las dos figuras exactamente como quería y hacerlas creíbles. ¿Cómo lo hizo?
La geometría estética del grupo es sólida como una roca. Al más mínimo fallo en esa geometría los críticos se hubieran ensañado con él. Pero no hay tal fallo, y los críticos, igual que los admiradores, se callaron embelesados.
Y los pliegues del vestido de la Virgen, cuyo fin inicial era rellenar tanto espacio, se hicieron tan complejos, tan sorprendentemente bellos, que hacen que el crítico más exigente se olvide de sus objeciones, se relaje, y disfrute. Se pierde en la feria.
¿La feria? Pero el tema no es triste?
Sí; y ese es su mayor logro. “Es de un belleza tan grande y tan rara,” dice Condivi, “que no hay nadie que la vea y que no sienta compasión.”
El sentimiento se transmite. Es un sentimiento de silencio, de tristeza, y de reverencia. La belleza no es necesaria para la suscitar la piedad. De hecho, la fealdad lo hace igual o mejor. Y la belleza solo, sin aparente dirección sentimental, puede causar lágrimas. Pero aquí se ha puesto al servicio del sentimiento y para hacer que la contemplación del dolor de la Virgen sea más tolerable y más racional.

Una madre jovencísima

Pero las críticas se centraron en otro sorprendente detalle: la Virgen parece demasiado joven para ser la madre del Cristo que yace en su regazo. Tiene la cara tan suave y tan fresca como la de una niña.

detalle de la Piedad de Miguel ÁngelDetalle de Piedad foto de Stanislav Traykov, Niabot (cut out) bajo licencia CC BY 2.5

¿Tal vez fuera un error de principiante del artista? ¿Se dejó llevar por su idea de una cara hermosa, olvidándose de que la triste mujer que esculpía con tanta delicadeza debía tener unos cincuenta años o más, según el relato del Evangelio? Algunos de sus detractores enfocaron sus críticas en este “defecto” de la Piedad y se rieron, sintiéndose más dotados de sentido común que el artista.

“Pero, ¿por qué lo hiciste?” le preguntó Condivi a Miguel Ángel, cuando en una ocasión le cogió de buen humor.
Miguel Ángel respondió que se debe a la pureza de la Virgen.
“Es más, diré que esta frescura y florecimiento de su juventud, además de conservarse en ella de esta forma natural, también podría haber sido concedidos por la gracia de Dios para demonstrar al mundo la virginidad y puridad de su madre.”

Miguel Ángel como amanuensis de Dios

Condivi, gran admirador de Miguel Ángel, dice que esta consideración parece venida de un teólogo experto. Era una forma muy astuta de Miguel Ángel de acallar a los críticos. No se atreverían a mostrar su ecepticismo porque, de hacerlo, revelarían o una ignorancia o una falta de fe en la doctrina de la Inmaculada (aunque no se declaró dogma hasta el siglo diecinueve).
Podrían replicar que no es la pérdida de la virginidad la responsable del envejecimiento de la mujer, ya que las monjas envejecen igual que las mujeres casadas. Pero habrían tenido que reconocer que el caso de la Virgen María era singular, ya que ella fue la única mujer nacida sin la mancha del Pecado Original. Lo más que podrían objecionar sería que no creían que Miguel Ángel de verdad razonara así cuando realizaba la figura, o bien, que él no era quien para enseñar la religión a los demás.

Condivi sí creía que Miguel Ángel estaba capacitado para enseñarnos. “Esta consideración tal vez sería extraordinaria si saliera de otros, pero no de él, a quien Dios ha creado no sólo para trabajar con sus manos sino también para ser el recipiente de los conceptos más sublimes…”

Y es posible que el propio Miguel Ángel creía que obraba bajo la inspiración divina y que, a través de esta estatua, un retrato de los dos humanos más importantes, estaba ilustrando un hecho que le había sido revelado mientras trabajaba.

Daños

A lo largo de los años la Piedad ha sufrido daños, algunos importantes. Durante un traslado en 1736 se rompieron cuatro dedos de su mano izquierda. El restaurador pudo haberlos cambiado para dar al gesto de la Virgen una expresión más retórica.

Pero los daños más importantes son recientes: en 1972 un perturbado mental llamado Laszlo Toth atacó a la Piedad con un martillo y rompió un brazo, un párpado, trozos de su velo, y la nariz. Los restauradores tuvieron que formar una nueva nariz, empleando mármol sacado de la parte trasera del bloque.

Laslo_Toth_and_the_Pieta_by_dogmadicQuitan a Laszlo Toth de la Piedad, que acaba de mutilar (foto de wikicommons en dominio público)

Hoy, la estatua está protegida por un cristal a prueba de balas.

 

Las mejores fuentes generales son:

Las vidas de los grandes artistas, de Giorgio Vasari, publicada por primera vez en 1555; y la Vida de Miguel Ángel de Ascanio Condivi, unos años más tarde, ambas en vida de Miguel Ángel.

El gran experto inglés, Michael Hirst, reune toda la información reciente sobre la vida y obra de Miguel Ángel en su Volume I: Michelangelo, the Achievement of Fame (1475- 1534), Yale University Press, 2011

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