Las Meninas de Velázquez

Las Meninas de Diego Velazquez 318 cm × 276 cm (125.2 in × 108.7 in)

Las Meninas,  de Diego Velázquez,1656, de El Prado en Google Earth.jpg 318 cm × 276 cm (125.2 in × 108.7 in)

¿Qué representa este cuadro?

Es un retrato de la hija del Rey Felipe IV y sus sirvientes. Se han reunido en el taller de Velázquez mientras pinta. Parece que está retratando a los Reyes, cuyo reflejo se ve en el espejo detrás del pintor. Habrán acudido todos para hacerles una visita respetuosa.

Reflejo de los Reyes en el espejo de las Meninas

Reflejo de los Reyes en el espejo de las Meninas

¿Quiénes son?

En el centro del grupo está la Infanta Margarita, acompañada de sus meninas o damas de honor. Una se inclina para ofrecerle una bebida y la otra hace una reverencia a los Reyes. Tal vez la Reina esté dirigiendo la palabra a su hija, que parece escucharla con atención.
La mujer de la cara tan grande y la mano torcida también formaba parte de la casa real. Se llamaba Maribárbola y los Reyes la querían mucho. El chico con su pie puesto en el gran perro dormido no es un chico, sino un hombre diminuto llamado Nicolás. Detrás, en la penumbra, se encuentran dos sirvientes de la Infanta, la “guarda menor de damas”, vestida de monja, y otro guardadamas varón. A más distancia, el mayordomo de la Reina se queda en la escalera, dudando si entrar en la habitacíon o retirarse discretamente.

Retratados de las Meninas relación de los personajes meninas

El pintor

Velazquez se incluye en este retrato de la familia real. Frente al enorme lienzo, pincel en mano, medita. Es el único autorretrato indiscutible que nos ha llegado. Lo vemos con ese peculiar bigote que Salvador Dalí adoptó en imitación y homenaje.

Autorretrato de Diego Velázquez

velazquez

La estancia

Las Meninas es un retrato de la “plantilla” real pero es, a la vez, un retrato de esa gran estancia—una aula palaciega fría, vacía, de techo alto. Allí colgó Velázquez algunas de las pinturas de la colección real, de la que fue el encargado.
No hay muebles, ni siquiera una silla para los visitantes. En realidad, sí había una que Velázquez hizo instalar para el Rey Felipe, que a menudo acudía a ver trabajar a su Pintor de Cámara.

Velázquez presenta su taller con tanto realismo que el poeta francés Teófilo Gautier, encontrándose por primera vez con Las Meninas, exclamó: “¿Dónde diablos está el cuadro?”
Los críticos una y otra vez han intentado explicar el realismo y originalidad de la estancia. “Esto no es el ‘espacio pasivo’ de los experimentos en la perspectiva de los renacentistas,” escribió Camón Aznar, “sino…una complejidad espacial densa y palpable.” “No son solamente los objetos que marcan las distancias,” apuntó otro. “Velázquez pinta el aire mismo.”

¿Por qué ha dado Velázquez tanto protagonismo a la habitación? ¿Por qué situa tanto espacio vacío y oscuro encima de la Infanta y demás retratados? ¿No son ellos el “tema”? Cualquier fotógrafo aficionado diría al Maestro que debe centrar la imagen y cortar toda la parte superior de su pintura. ¿Qué añade?

Las Meninas by Pablo Picasso,1957; Oil on canvas 194 x 260 cm; in the Museo Picasso, Barcelona

Las Meninas de Pablo Picasso,1957; óleo sobre lienzo 194 x 260 cm; en el Museo Picasso, Barcelona (de uso libre wikimedia file)

Un paso más en la ilusión

El espacio en que se encuentran los retratados es precisamente uno de los grandes experimentos de esta obra y el que más ha intrigado. La habitación parece envolver al espectador e incluirlo en su espacio. El alto techo continúa por encima y detrás de nosotros, y tenemos la sensación de estar dentro del cuadro, dentro del sombrío palacio, en un punto entre la pareja real, la Infanta y sus criados.
Así, cada persona que se pone delante del cuadro por un momento se incorpora en él y se convierte no sólo en testigo sino también en partícipe de la ilusión. Al terminar su momento de contemplación, sale del espacio y sigue su camino por la vida. De esta forma, el retrato parece desafíar no sólo al espacio, sino también, al tiempo.

La gente del Rey

Velázquez creó Las Meninas para su Rey, que debió presenciar fascinado su creación. Diego era tan rápido como un mago. En un plis-plas la pequeña hija del Rey le sonrió desde la gran pantalla, y se representaron perfectamente reconocibles las caras familiares de sus damas de honor y los otros miembros de su casa. “No olvides incluirte en el cuadro también,” habrá dicho encantado el monarca a Velázquez. “Mira los años que han pasado y todavía no tengo ningún retrato tuyo.” Velázquez llevaba casi cuarenta años en el servicio real.

El Rey mandó llevar la pintura a su cámara privada, donde mejor podía contemplarla en la intimidad. Allí permaneció hasta muchos años después de que él y su amigo el Mago Pintor habían desaparecido.

Por poco se va

Real Alcázar or palace of Madrid, which burned down in 1734Real Alcázar or palacio de  Madrid, destruido en  1734. El taller de Velazquez ocupaba parte de la primera planta (Wikipedia PD file)

Llegó el terrible incendio de 1734 y el castillo-palacio se quemó con casi todas las pinturas de la colección real, incluídas algunas del mismo Velázquez. Pero Las Meninas, aunque chamuscada, sobrevivió y se ha convertido en una de las pinturas más célebres del mundo. Ahora nosotros también podemos entrar en ese taller encantado del Mago como si no hubiesen pasado los casi cuatrocientos años desde su creación.

Cómo pintó Velázquez

Algunos de los más grandes pintores, como Goya, Delacroix y Picasso, han señalado a Velázquez como su maestro. Para el artista francés Eduardo Manet es “el pintor de pintores.” ¿Por qué lo ponen tan alto?

Velázquez se hizo experto en la técnica alla prima, que consiste en aplicar la pintura sin dibujo preliminar y sin retoques. Desde su caballete empezó a copiar el modelo que tenía delante, construyendo la imagen con pinceladas libres pero certeras. Primero aplicaba los colores oscuros, luego los claros. Trabajaba con un mínimo de pintura, incluso la diluía para enfatizar la apariencia de un boceto. A las últimas pinceladas, las más brillantes y vivas, aplicaba con tanta facilidad, precisión, y economía que hasta los expertos se quedaban fascinados.

los borrones de la Infanta

Ese aspecto bosquejado no fue del agrado de todos. “¡El hombre nunca acaba sus cuadros!” se quejaba mucha gente. Al acercarse a sus lienzos, cuando esperaba apreciar más definición de las imágenes, veía sólo borrones y pequeñas aglomeraciones de pigmentos.
Velázquez entendía que una imágen rota o bocetada producía una ilusión más viva que las fijas, definidas y planas de la mayoría de la pinturas, como las de Rafael o Poussin.

¿Son reales?

Su toque libre y desenfadado proporciona a sus figuras una indefinición e intemporalidad. Pueden estar apareciendo o desvaneciéndose mientras las consideramos. Las Meninas está repleto de referencias a la ilusion. Por ejemplo, el espejo enseña un reflejo de los Monarcas quienes están pero no están. Nosotros mismos formamos parte del grupo de retratados y pisamos una estancia que no es más que manchas y borrones de pintura. La ilusión versus la verdad fue un tema favorito de los filósofos y escritores del Siglo de Oro. La vida es sueño, por ejemplo, es la obra maestra de Calderón de la Barca, uno de los dramaturgos más célebres.

Su biógrafo Palomino dijo que Velázquez no solo leía las obras de sus contemporáneos sino que conocía personalmente “a todos”; y, si duda, compartía sus reflexiones metafísicas.

¿Qué significa meninas?

Se refería a las damas de cámara o de honor, mujeres jóvenes de familias nobles que fueron elegidas para vivir en el palacio y atender al rey, la reina y los hijos reales. Velázquez no puso título a esta pintura. En el inventario del palacio figuraba simplemente como “Un retrato de familia.”

Y ¿esa cruz roja tan peculiar?

velazquez

La cruz roja sobre el jubón negro del pintor es el emblema de la Orden Militar de Santiago. Durante muchos años Velázquez intentó ser reconocido como de origen noble pero no pudo encontrar los documentos que certificasen tal ascendencia. Al final, pocos meses antes de su fallecimiento, y con la ayuda de su amigo el Rey, recibió la autentificación oficial y fue nombrado Caballero de Santiago. Acto seguido, cogió un pincel y pintó la cruz en su autorretrato de Las Meninas*.

Philip IV of Spain by Velazquez

El Rey Felipe IV  de Diego Velázquez,1656, de El Prado en Google Earth.jpg 318 cm × 276 cm (125.2 in × 108.7 in)

El yerno de Velázquez, su pupilo y mejor seguidor, pintó este retrato de su familia en que homenajea a su maestro. Al fondo se ve a Velázquez mientras retrata a la Infanta Margarita.

The Artist's Fanily by J.B. Martínez del Mazo

La familia del artista de J.B. Martínez del Mazo

Infanta Margarita, aged eight, by Diego Velazquez

Infanta Margarita a los ocho años de edad retratada por Diego Velazquez

La Infanta Leonor de Borbón

En España y Portugal se llama “infanta» a la hija legítima del rey. La Infanta Leonor es la primogénita de Felipe IV, Rey de España desde la renuncia de Juan Carlos I.  Esta foto de Cristina García Rodero apareció en el último saludo navideño de la familia real.

Leonor de Borbón by Cristina García Rodero

*Según su primer biógrafo, Antonio Palomino, Velázquez no trazó la cruz en el jubón, sino que se pintó después de su muerte por mandato del Rey.

Fuentes:

Museo pictórico y escala óptica, de Antonio Palomino de Castro y Velasco, Editorial Aguilar, 1947

Obra pictórica completa de Velázquez, con biografía y estudios críticos de P. M. Bardi, en Clásicos del arte, editorial Noguer, S.A. Barcelona, 1970

Las Meninas o Familia de Felipe IV, de Francisco Calvo Serraller, en Cien obras maestras del Museo del Prado

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Una respuesta a Las Meninas de Velázquez

  1. museo dijo:

    ¡Hola, 100swallows! Me ha gustado tu presentación de esta gran pintura. Aquí tienes una cita de Ortega sobre Velázquez:
    “Al hablar de Velázquez se dice siempre que pintaba el aire, el ambiente, etc. Yo no creo mucho en nada de eso ni he hallado nunca que se aclare lo que tales expresiones se quiere enunciar. El efecto aéreo de sus figuras se debe simplemente a esa venturosa indecisión de perfil y superficie en que las deja. A sus contemporáneos les parecía que no estaban “acabadas de pintar” y a ello se debe que Velázquez no fuese en su tiempo popular. Había hecho el descubrimiento más impopular:que la realidad se diferencia del mito en que no está nunca acabada.” J. Ortega y Gasset, Velázquez, 1953

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